En términos estrictos, habría que distinguir entre los meros ejemplos de whodunit y otras historias de mayor calado filosófico y moral. En cuanto a mí, últimamente alterno novelas de Andrea Camilleri, Henning Mankell, Donna Leon y Fred Vagas.




Entre ellos hay una diferencia de grado: Camilleri y Mankell están por encima de Leon y Vargas, cuyos argumentos y personajes adolecen a menudo de una asombrosa puerilidad. Sin embargo, todos son adictivos, todos enganchan y consuelan igual. Personalmente, mi preferido es Sherlock Holmes, que nunca defrauda (incluidos pseudepigrapha), aunque les tengo mucho cariño a los protagonistas y a los ambientes de Agatha Christie.


Durante una temporada fui muy aficionado a Ellis Peters y a su fray Cadfael, pero se me acabaron los títulos. También me gusta, por ironía y agilidad, Andreu Martín, aunque solo he leído la saga de Flanagan (que escribió en colaboración con Jaume Ribera). La primera letra del alfabeto de Sue Grafton no me gustó, así que no leí más, y algo parecido me ha pasado con John Conolly. Mis próximos objetivos son el detective Rebus, de Ian Rankin, la trilogía nazi de Philip Kerr, de la que ya he comprado el primer título, y el nuevo, fulgurante y póstumo éxito de Stieg Larsson, Los hombres que no amaban a las mujeres.

El problema es que la fórmula, que siempre ha sido muy productiva, ha prosperado hasta ahogar el mercado de detectives algo paranoicos e inverosímiles que se dedican, al margen de su actividad principal, a menesteres algo menos glamourosos (¡hasta hay enólogos!). Entre las novedades, me ha llamado la atención, por su título, Llámame Bolga, como el río, de Ramón J. Uribe.


1 comentario:
Hola Edgar. Yo soy una fan incondicional de Hercules Poirot.
Dado que mis pecunios son escasos, espero que me dejes la trilogía nazi cuando vengas a leer la tesis a Salamanca. Besotes. Filo
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