miércoles, 17 de diciembre de 2008
Nácar-Colunga
Hace muchos años reclamé destempladamente a mi padre la compra urgente de una Biblia como parte de las exigencias del currículum de 5º de EGB. Por un extraño capricho de la memoria recuerdo como si fuera hoy el momento en el que fuimos a comprarla. Fue en una tienda de la calle Estafeta, especializada en filatelia y numismática (uno de esos comercios tragados por la marea de la posmodernidad), y nos costó quinientas pesetas. La temblorosa inscripción de la portada dice: Edgar Andueza, 5º A, y todavía la conservo. La edición que nos vendieron era la de Nácar-Colunga, y se llama así porque fue preparada por dos escriturarios llamados Eloíno Nácar Fúster y Alberto Colunga Cueto. La sonoridad de sus nombres (que forman un dístico octosílabo casi perfecto) y la distribución maravillosamente regular de los acentos ha servido para que nunca se me olvidaran, y para que prefiriera esa edición sobre cualquier otra. Muchos de mis compañeros tenían la Biblia de Jerusalén: los profesores la recomendaban y creo haber oído alguna vez que su traducción es superior, pero yo siempre preferí la mía, la de Eloíno Nácar Fúster y Alberto Colunga Cueto, obligado por cierta adhesión emocional que he sentido otras veces por algunos libros. Lo bueno es que esa clase de adhesión irracional determina en muchos casos nuestras decisiones intelectuales, asunto sobre el que otro día me extenderé. Lo que me interesa ahora es que no sé por qué me acuerdo del episodio de la compra, pero seguro que algo tiene que ver con el hecho de haberlo compartido con mi padre, y sé que es un libro del que nunca me desharía.
viernes, 12 de diciembre de 2008
Netter
Es uno de los volúmenes más preciosos de mi biblioteca; en el caso, obsceno y censurable en este tiempo del lobo, de que os sobren 120 €, compradlo. Si a alguno de vosotros os gustaba la anatomía y llegasteis a tener el maniquí que imitaba las cavidades y órganos de nuestro cuerpo (por cierto, sigue siendo el mismo, que lo he visto en El Corte Inglés); o si hicisteis la colección de Naturaleza y color en la que al cuerpo humano le correspondían nada más y nada menos que ¡seis! cromos, y luchasteis denodadamente por conseguir los seis sin tener que escribir (como yo) a la editorial para que os los enviara, este es vuestro libro. Si no tenéis los 120 pavos, podéis ver muchas de las imágenes que contiene en esta página web. Hacedme caso, merece la pena descubrir, como reconoce Marco Aurelio al principio de sus Meditaciones, que no somos más que un nudo de nervios y articulaciones, de músculos y huesecillos sanguinolentos y observar ese misterioso interior, tan próximo y tan oculto, mucho más luminoso y cierto y vivo que el otro, que nunca ha tenido tan exactos dibujantes.
jueves, 11 de diciembre de 2008
Noir
Pertenezco a la numerosa legión de consumidores de 'novela negra que precede al sueño'. La denominación no es despectiva; al contrario, el momento en el que uno se mete en la cama con la perspectiva de continuar con las aventuras del detective de turno es uno de los mejores del día, y estas novelas, si están bien construidas (o no tanto, uno va rebajando el criterio con el tiempo), son un bálsamo para corazones cansados. Confieso mis lagunas: no he leído a los clásicos (solo recientemente me he atrevido con El largo adiós) y reconozco -mirabile dictu- que nunca he leído nada de Dashiell Hammett, Ellery Queen, Simenon o Vázquez Montalbán.
En términos estrictos, habría que distinguir entre los meros ejemplos de whodunit y otras historias de mayor calado filosófico y moral. En cuanto a mí, últimamente alterno novelas de Andrea Camilleri, Henning Mankell, Donna Leon y Fred Vagas.




Entre ellos hay una diferencia de grado: Camilleri y Mankell están por encima de Leon y Vargas, cuyos argumentos y personajes adolecen a menudo de una asombrosa puerilidad. Sin embargo, todos son adictivos, todos enganchan y consuelan igual. Personalmente, mi preferido es Sherlock Holmes, que nunca defrauda (incluidos pseudepigrapha), aunque les tengo mucho cariño a los protagonistas y a los ambientes de Agatha Christie.


Durante una temporada fui muy aficionado a Ellis Peters y a su fray Cadfael, pero se me acabaron los títulos. También me gusta, por ironía y agilidad, Andreu Martín, aunque solo he leído la saga de Flanagan (que escribió en colaboración con Jaume Ribera). La primera letra del alfabeto de Sue Grafton no me gustó, así que no leí más, y algo parecido me ha pasado con John Conolly. Mis próximos objetivos son el detective Rebus, de Ian Rankin, la trilogía nazi de Philip Kerr, de la que ya he comprado el primer título, y el nuevo, fulgurante y póstumo éxito de Stieg Larsson, Los hombres que no amaban a las mujeres.

El problema es que la fórmula, que siempre ha sido muy productiva, ha prosperado hasta ahogar el mercado de detectives algo paranoicos e inverosímiles que se dedican, al margen de su actividad principal, a menesteres algo menos glamourosos (¡hasta hay enólogos!). Entre las novedades, me ha llamado la atención, por su título, Llámame Bolga, como el río, de Ramón J. Uribe.

En términos estrictos, habría que distinguir entre los meros ejemplos de whodunit y otras historias de mayor calado filosófico y moral. En cuanto a mí, últimamente alterno novelas de Andrea Camilleri, Henning Mankell, Donna Leon y Fred Vagas.




Entre ellos hay una diferencia de grado: Camilleri y Mankell están por encima de Leon y Vargas, cuyos argumentos y personajes adolecen a menudo de una asombrosa puerilidad. Sin embargo, todos son adictivos, todos enganchan y consuelan igual. Personalmente, mi preferido es Sherlock Holmes, que nunca defrauda (incluidos pseudepigrapha), aunque les tengo mucho cariño a los protagonistas y a los ambientes de Agatha Christie.


Durante una temporada fui muy aficionado a Ellis Peters y a su fray Cadfael, pero se me acabaron los títulos. También me gusta, por ironía y agilidad, Andreu Martín, aunque solo he leído la saga de Flanagan (que escribió en colaboración con Jaume Ribera). La primera letra del alfabeto de Sue Grafton no me gustó, así que no leí más, y algo parecido me ha pasado con John Conolly. Mis próximos objetivos son el detective Rebus, de Ian Rankin, la trilogía nazi de Philip Kerr, de la que ya he comprado el primer título, y el nuevo, fulgurante y póstumo éxito de Stieg Larsson, Los hombres que no amaban a las mujeres.

El problema es que la fórmula, que siempre ha sido muy productiva, ha prosperado hasta ahogar el mercado de detectives algo paranoicos e inverosímiles que se dedican, al margen de su actividad principal, a menesteres algo menos glamourosos (¡hasta hay enólogos!). Entre las novedades, me ha llamado la atención, por su título, Llámame Bolga, como el río, de Ramón J. Uribe.

martes, 9 de diciembre de 2008
Dejad de leer este blog y leed los libros que recomiendo, ¡ya!
El mejor ensayo que se puede leer ahora en castellano lo escribe una señora que se llama Rosa Sala Rose. Es especialista en literatura y cultura alemanas, pero que esto no os desanime, porque podríais pensar, como yo, que la lengua y la cultura de Alemania os importa un bledo, pero no. Sus libros son recomendables por lo que dicen y por cómo lo dicen, porque además de que demuestran una inteligencia aguda, una notable erudición y un rigor académico poco frecuente, uno nota que su autora tiene razón, esto es, que lo que dice es verdad y está, además, explicado con claridad y exactitud. Es una de las pocas ensayistas que tenemos de nivel internacional, como esos scholars anglosajones que tanto bien han hecho a la causa de la cultura en lengua inglesa y que tanto se echan de menos en castellano (a pesar de la proliferación de títulos, falta gente inteligente y seria; sobran tautologías académicas que se limitan a repetir lo que ha dicho la bibliografía anterior). Suele publicar cosas de Goethe (Alba), en Acantilado se ha encargado de las Conversaciones de Eckermann, y lo último que ha escrito trata de Lili Marlen (la canción). Pero yo os voy a recomendar otros dos libros suyos: el primero, El misterioso caso alemán, en Alba, que intenta explicar el enigmático (y trágico) trayecto que llevó a Alemania desde el país que creó la idea de cultura hasta el infierno del holocausto (y el trayecto tampoco es tan largo, como se deduce del texto) y el segundo, el Diccionario crítico de mitos y símbolos del nazismo, en Acantilado, realmente apasionante (aunque, como diccionario, mejor leerlo poco a poco). Id a comprarlos ya.


sábado, 29 de noviembre de 2008
Versiones y antologías
Lo bueno de que el escritor nacional de un país sea autor de diez o doce obras maestras es que sus antologías y adaptaciones serán variadas y originales. Es lo que siempre ha ocurrido con Shakespeare. Desde hace muchos años estaba disponible en castellano la versión de los hermanos Lamb (cuya trágica biografía podéis leer aquí), todavía muy recomendable para una primera introducción a la obra del bardo, sobre todo si es gracias a la edición de El Aleph, ilustrada por Joëlle Jolivet:
Pero si es por las imágenes, me gustaría que leyerais la adaptación de Andrew Matthews, ahora publicada por Juventud, ilustrada por Angela Barrett:

Que conste que yo empecé a leer a Shakespeare en un viejo volumen en rústica de Aguilar (en la que probablemente sigue siendo la mejor traducción, la de Luis Astrana Marín), aunque también he disfrutado de las ediciones bilingües del Instituto Shakespeare; pero esta edición me gusta por su ilustradora, que sabe dar una atmósfera misteriosa y prerrafaelita a sus historias. En castellano ha publicado poco, pero maravilloso: La bella y la bestia y Blancanieves, en Kókinos, y La gansa blanca, en Ediciones Obelisco.


Pero si es por las imágenes, me gustaría que leyerais la adaptación de Andrew Matthews, ahora publicada por Juventud, ilustrada por Angela Barrett:
Que conste que yo empecé a leer a Shakespeare en un viejo volumen en rústica de Aguilar (en la que probablemente sigue siendo la mejor traducción, la de Luis Astrana Marín), aunque también he disfrutado de las ediciones bilingües del Instituto Shakespeare; pero esta edición me gusta por su ilustradora, que sabe dar una atmósfera misteriosa y prerrafaelita a sus historias. En castellano ha publicado poco, pero maravilloso: La bella y la bestia y Blancanieves, en Kókinos, y La gansa blanca, en Ediciones Obelisco.


jueves, 20 de noviembre de 2008
¡Pirata!
Ahora están de moda, sobre todo en Somalia, y ya he oído un par de veces en la radio que estos piratas no son como Jack Sparrow y Will Turner. Bueno, no sé si son como ellos, pero sí que son como los piratas reales que en el siglo XVII asolaban las mismas costas que ahora protegen nuestras fragatas (leed, por favor, la historia de Libertatia, una comuna malgache pirata y comunista avant la lettre, aquí). Sus objetivos y su carácter no eran, casi en ningún caso, tan sanguinarios y salvajes como se piensa en general, y de hecho los abordajes solo acababan violentamente si los pasajeros presentaban resistencia. Ved las razones que expone, en su introducción, el autor de Historia general de los robos y asesinatos de los más famosos piratas (Valdemar supone que es Defoe, pero no está tan claro), acerca de los motivos que suelen empujar a los 'hermanos de la costa' a su criminal ocupación, y decidme si son diferentes de los que expondrían en la actualidad quienes se dedican al pillaje de los barcos saudíes.

La cuestión es que, desde su proyección, la saga de Piratas del Caribe ha recuperado el interés en la historia de los caballeros de fortuna, lo que ha tenido consecuencias editoriales. Renacimiento lleva varios años publicando la colección Isla de Tortuga, de la que ya han salido 11 títulos; el último, La historia de la piratería, de Philip Gosse, que ya recomendé en mi otro blog.

Pero también en los libros infantiles hay novedades interesantes; especialmente recomendable es la serie Bandera Pirata (Alain Surget), en Edelvives, que consta, hasta el momento, de ocho títulos. De verdad que es fantástica, como las historias de piratas tradicionales, en las que sabes que, a pesar de lo que tengan que sufrir los protagonistas, todo va a salir bien:
Por no hablar de las maravillas desplegables que se están editando, a las que dedicaré un post próximamente.

La cuestión es que, desde su proyección, la saga de Piratas del Caribe ha recuperado el interés en la historia de los caballeros de fortuna, lo que ha tenido consecuencias editoriales. Renacimiento lleva varios años publicando la colección Isla de Tortuga, de la que ya han salido 11 títulos; el último, La historia de la piratería, de Philip Gosse, que ya recomendé en mi otro blog.

Pero también en los libros infantiles hay novedades interesantes; especialmente recomendable es la serie Bandera Pirata (Alain Surget), en Edelvives, que consta, hasta el momento, de ocho títulos. De verdad que es fantástica, como las historias de piratas tradicionales, en las que sabes que, a pesar de lo que tengan que sufrir los protagonistas, todo va a salir bien:
sábado, 15 de noviembre de 2008
Extrañas coincidencias
A veces se dan maravillosas coincidencias que le hacen pensar a uno en mensajes de una oculta providencia. El otro día estaba ojeando El club de los parricidas, colección de malsanos relatos reunidos en una nueva edición por Valdemar, y quise saber de dónde procedía su inquietante portada: resultó ser una imagen de la serie de Max Ernst titulada "Una semana de bondad", absolutamente desconocida para mí:

La coincidencia es que este sábado Babelia dedica dos páginas a la publicación en Atalanta de Tres novelas en imágenes, del propio Max Ernst, entre las que se incluye la citada, y que contiene otras sombrías y perturbadoras imágenes:
¿Es o no es para comprárselo?
Más coincidencias: en el mismo número de la revista cultural descubro que una de las novedades universitarias (Leandro Müller, Pequeño tratado hermético sobre efectos de superficie, Universidad de Salamanca) ilustra su portada con parte de un mural que adornaba las paredes de mi antiguo colegio mayor (ya clausurado), y no puedo explicarme qué ha sido de esa pintura y por qué la ha utilizado el autor para su libro. La sorpresa fue mayúscula, y me intriga bastante el destino final de la obra, pero deberé conformarme con perversas conjeturas.

La coincidencia es que este sábado Babelia dedica dos páginas a la publicación en Atalanta de Tres novelas en imágenes, del propio Max Ernst, entre las que se incluye la citada, y que contiene otras sombrías y perturbadoras imágenes:
¿Es o no es para comprárselo?Más coincidencias: en el mismo número de la revista cultural descubro que una de las novedades universitarias (Leandro Müller, Pequeño tratado hermético sobre efectos de superficie, Universidad de Salamanca) ilustra su portada con parte de un mural que adornaba las paredes de mi antiguo colegio mayor (ya clausurado), y no puedo explicarme qué ha sido de esa pintura y por qué la ha utilizado el autor para su libro. La sorpresa fue mayúscula, y me intriga bastante el destino final de la obra, pero deberé conformarme con perversas conjeturas.
jueves, 13 de noviembre de 2008
La malvada Safo y otros cuentos de terror
Hace ya algunos años Arcadi Espada escribió Raval: del amor a los niños (Anagrama), en el que denunciaba (o al menos así lo entendí yo) las diversas manipulaciones a las que se vio sometida la investigación del supuesto caso de pederastia que tuvo lugar en el barrio barcelonés, y cómo tanto la policía como los medios construyeron su caso a partir de una anécdota insignificante, exagerando los aspectos más terribles y escabrosos del episodio e inventando directamente los que no se correspondían con sus expectativas o con las de una audiencia ávida de escándalo. El libro sigue siendo un ejemplo de cómo debería funcionar el periodismo, porque los vicios que denuncia no han prescrito.

Traigo a colación el libro de Espada porque Gedisa acaba de publicar La construcción de la lesbiana perversa, de Beatriz Gimeno, sobre el llamado 'caso Wanninkhof'. Recuerdo con bastante claridad el caso y mi incomodidad, ya entonces, con el tratamiento que se le dio a la noticia: cómo se dio por supuesta, sin atisbo de duda, la culpabilidad de Dolores Vázquez (aquí no se lleva demasiado lo de la presunción de inocencia) y cómo ningún medio mencionaba la relación homosexual entre la acusada y la madre de Rocío, sin dejar de insinuarla constantemente. Recuerdo que no me enteré hasta muy avanzado el juicio de que las dos mujeres habían sido amantes porque nadie quería decirlo: ese dato, que se hurtaba a la audiencia porque se consideraba irrelevante y discriminatorio, había sido en el fondo decisivo para condenar, judicial y públicamente, a Dolores Vázquez. Es terrible contrastar los escrúpulos de los medios para exponer esta clase de información sensible con la ligereza con la que se permiten establecer culpabilidades e inocencias. Su postura se puede resumir así: 'no vamos a decir que esta señora es lesbiana, porque eso es algo que solo le interesa a ella y nosotros somos muy progresistas y correctos y nunca se nos ocurriría inmiscuirnos en la intimidad de la gente, pero eso sí, que vaya a la cárcel por asesina'. Por cierto, creo que nunca se le han pedido disculpas a esta señora.

Traigo a colación el libro de Espada porque Gedisa acaba de publicar La construcción de la lesbiana perversa, de Beatriz Gimeno, sobre el llamado 'caso Wanninkhof'. Recuerdo con bastante claridad el caso y mi incomodidad, ya entonces, con el tratamiento que se le dio a la noticia: cómo se dio por supuesta, sin atisbo de duda, la culpabilidad de Dolores Vázquez (aquí no se lleva demasiado lo de la presunción de inocencia) y cómo ningún medio mencionaba la relación homosexual entre la acusada y la madre de Rocío, sin dejar de insinuarla constantemente. Recuerdo que no me enteré hasta muy avanzado el juicio de que las dos mujeres habían sido amantes porque nadie quería decirlo: ese dato, que se hurtaba a la audiencia porque se consideraba irrelevante y discriminatorio, había sido en el fondo decisivo para condenar, judicial y públicamente, a Dolores Vázquez. Es terrible contrastar los escrúpulos de los medios para exponer esta clase de información sensible con la ligereza con la que se permiten establecer culpabilidades e inocencias. Su postura se puede resumir así: 'no vamos a decir que esta señora es lesbiana, porque eso es algo que solo le interesa a ella y nosotros somos muy progresistas y correctos y nunca se nos ocurriría inmiscuirnos en la intimidad de la gente, pero eso sí, que vaya a la cárcel por asesina'. Por cierto, creo que nunca se le han pedido disculpas a esta señora.
martes, 11 de noviembre de 2008
Diseño
No es casualidad que el declive de las Bellas Artes haya coincidido con la edad de oro del diseño. Las mayores dosis de creatividad e inteligencia, las obras más originales y las más notables muestras de genio estético no se hallan actualmente en la pintura o en otras manifestaciones tradicionales de la belleza, sino en la publicidad y en los formatos audiovisuales. A la gente normal (es decir, a mí) le parece increíble que todavía sea posible tener nuevas ideas para anunciar un detergente, pero lo mismo vale para cualquiera de las categorías en las que suelen dividirse las competiciones oficiales. El asombro le va asaltando a uno conforme pasa las páginas de las múltiples catálogos que se publican actualmente y que recogen los principales premios de diseño. Son catálogos de arte, ya digo, mucho más valiosos (por geniales o por conmovedores) que aquellos a los que estamos acostumbrados. Quizás solo sean destellos fugaces de genio, objetos de consumo y olvido inmediato, pero si no me creéis, podéis comprobarlo en este libro (XXXVII Creativity Awards Annual, Collins Design).
lunes, 10 de noviembre de 2008
Mundo Brieva
Miguel Brieva es un joven ilustrador conocido sobre todo por sus colaboraciones en El País (en verano ha publicado una tira durante todo el mes de agosto). Las viñetas que aparecen allí, aunque brillantes en ocasiones, no resultan tan devastadoras como las recopilaciones de su obra. Conozco dos, muy parecidas en el tono (y con alguna repetición), pero quizás haya otras. Las dos que conozco (Dinero y Bienvenido al mundo. Enciclopedia Universal Clismón, las dos en Reservoir Books), sin embargo, son brillantes y terribles, graciosas y amarguísimas, y las recomiendo vivamente. Cuidado, porque si las compráis debéis prepararos para un humor poco complaciente y muy incorrecto, pero que a mí me hace reír a carcajadas. Sus obsesiones, como buenas obsesiones, son recurrentes: el capitalismo en general, la desquiciada sociedad de consumo, criaturas imposibles, peluches y todo el universo de Walt Disney. Me gustaría reproducir algunas de las mejores viñetas (hay una sobre un billete de valor infinito que es fantástica), pero prefiero que os compréis los libros, porque se disfrutan mucho, aunque uno acaba preguntándose cuál es la gracia.


sábado, 1 de noviembre de 2008
Los nuevos Alejandros
Las analogías entre el imperio americano y el imperio romano son limitadas. Es cierto que hay coincidencias (la lengua, la moneda, la imposición de un 'poder blando' y su combinación con una aplastante hegemonía militar), pero la tentación de la analogía es demasiado fácil. Hay quien ya ha visto en la política de los EE. UU. en Oriente Medio el fracaso de Roma en su aventura por el control de Partia, a la que le faltaron buenos cronistas. En esas antiguas provincias de Alejandro cuyos nombres evocan tantas maravillas (Hircania, Sogdiana, Bactriana, Gedrosia, Aracosia...) siempre se ha decidido el destino de los imperios, como si se tratara de un gigantesco tablero de Risk. Los parecidos hay que buscarlos, sin embargo, en el Gran Juego del siglo XIX, el enfrentamiento entre Rusia y el imperio inglés que, en gran medida, es la causa remota de los actuales desastres. Apareció hace unos meses en RBA Torneo de sombras. El Gran Juego y la pugna por la hegemonía en Asia Central, de K. E. Meyer y S. B. Brysac, donde se cuenta la historia documentadamente y de forma bastante amena.

Aviso que solo lo he podido ojear, así que no puedo entrar en más detalles, pero creo que merece la pena invertir algo de tiempo en su lectura, por si podemos aprender algo.
A propósito, RBA está publicando en la colección 'Temas de actualidad' libros muy interesantes: sacó hace poco Vida imperial en la ciudad esmeralda, de Rajiv Chandrasekaran (también sobre la catástrofe iraquí), que me he quedado con ganas de leer,

y publica periódicamente las recopilaciones de artículos de Enric González, extremadamente recomendables (Historias de Nueva York, Historias de Londres, Historias del Calcio).

Aviso que solo lo he podido ojear, así que no puedo entrar en más detalles, pero creo que merece la pena invertir algo de tiempo en su lectura, por si podemos aprender algo.
A propósito, RBA está publicando en la colección 'Temas de actualidad' libros muy interesantes: sacó hace poco Vida imperial en la ciudad esmeralda, de Rajiv Chandrasekaran (también sobre la catástrofe iraquí), que me he quedado con ganas de leer,

y publica periódicamente las recopilaciones de artículos de Enric González, extremadamente recomendables (Historias de Nueva York, Historias de Londres, Historias del Calcio).
lunes, 13 de octubre de 2008
451
En algún otro lugar he hablado de ellos; es una de las 'nuevas editoriales independientes', aunque se nota que maneja un presupuesto no tan independiente. Pero muestra un estilo propio: en el catálogo y en las series, y sobre todo en la iniciativa de una de ellas, la denominada Re:, una interpretación contemporánea de los clásicos. Los títulos de las series son originales: 451.jpeg para los libros en los que predomina la imagen, 451.http:// para los centrados en la actualidad, 451.zip para las antologías y el citado 451.Re:. El resultado de los volúmenes (obviamente) es irregular, pero los títulos, en general, son interesantes y arriesgados; la edición, cuidada. Son libros hechos con mimo, y se dirigen a un audiencia 'especial', dispuesta a pagar 34 € por un volumen sobre el juego de la oca (y el juego en general). Yo lo he comprado y no me arrepiento, pero no sé si habrá mucha gente dispuesta a hacer lo mismo. Merecen resistir.
viernes, 10 de octubre de 2008
Seriedad, por favor
Acaba de salir publicado en Atalanta el libro de Peter Kingsley Filosofía antigua, misterios y magia, traducción del conocido (para los filólogos) original oxoniense. Es una suerte (no es ironía) que por fin se pueda acceder en castellano a esta obra, a pesar de su orientación académica. Por eso me extraña que aparezca en una serie 'general' dedicada a diferentes aspectos de la espiritualidad (desde una perspectiva muy New Age, por cierto). La editorial ya había publicado del mismo autor En los oscuros lugares del saber, pero el primero es más riguroso y mucho más recomendable.

Se ve que el conde de Siruela (o sus asesores) tiene inquietudes y de hecho a él hay que agradecerle varias traducciones de monografías clásicas (Las artes de Orfeo, de Guhtrie, y El concepto de alma en la Antigua Grecia, de Jan Bremmer, todavía en su antigua editorial). Aún no he leído la traducción del libro de Kingsley, pero la de las obras de Guthrie y Bremmer era mala: traducir como "el Euménides" el título de la tragedia de Esquilo es un error insignificante para cualquiera, pero indica que quien lo ha hecho no sabe nada de la Antigüedad Clásica. Es cierto que la traducción de ensayos sobre el mundo grecolatino exige el conocimiento de latín y griego, además del de las dos lenguas modernas y el de todas las convenciones bibliográficas de los filólogos (que son muchas y realmente complicadas). Hay que confiar que en su nuevo proyecto Jacobo Siruela haya contado con gente preparada, que la hay.

Se ve que el conde de Siruela (o sus asesores) tiene inquietudes y de hecho a él hay que agradecerle varias traducciones de monografías clásicas (Las artes de Orfeo, de Guhtrie, y El concepto de alma en la Antigua Grecia, de Jan Bremmer, todavía en su antigua editorial). Aún no he leído la traducción del libro de Kingsley, pero la de las obras de Guthrie y Bremmer era mala: traducir como "el Euménides" el título de la tragedia de Esquilo es un error insignificante para cualquiera, pero indica que quien lo ha hecho no sabe nada de la Antigüedad Clásica. Es cierto que la traducción de ensayos sobre el mundo grecolatino exige el conocimiento de latín y griego, además del de las dos lenguas modernas y el de todas las convenciones bibliográficas de los filólogos (que son muchas y realmente complicadas). Hay que confiar que en su nuevo proyecto Jacobo Siruela haya contado con gente preparada, que la hay.
jueves, 9 de octubre de 2008
Misteriosos fenómenos
Si supiera explicarlo, probablemente me iría mejor, pero de verdad que no lo entiendo. Vamos, no lo entiendo yo, pero tampoco lo entienden los editores, que se guían por apetitos irracionales. Acaba de salir a la venta el último volumen de la saga vampírica de Stephenie Meyer, Amanecer, y muchos jóvenes ya lo habrán comprado. Yo he empezado a leer Crepúsculo en clase y, por un lado, creo que resulta inquietante el hecho de que, a buen seguro, ningún adulto (padres y profesores preocupados por la educación de sus hijos), habrá invertido un solo minuto en leer lo que leen sus vástagos adolescentes (también resulta desolador el que hayan proliferado los títulos repetitivos con portada negra y tema idéntico), pero lo que a mí me interesa es otra cosa: lo que me interesa de verdad es saber cómo algunos libros consiguen ese grado de popularidad entre los jóvenes. ¿Por qué, por qué? ¿Habéis visto algún anuncio en televisión o en internet? ¿Os ha hablado alguien (que no sea yo) de esta saga? Pasó lo mismo con Harry Potter, pero es algo periódico, porque también ha pasado con El niño con el pijama de rayas, o, en edades más tempranas, con los libros de Gerónimo Stilton. Y no, no es porque sean buenos; no son malos libros, pero su calidad no justifica ni remotamente las tiradas millonarias. Los que se quejan de que los jóvenes no leen (y no son pocos, ¡viva la litotes!), deberían ver con qué apasionamiento se refieren a estos libros. Yo los he visto, y puedo asegurar que ningún adulto habla así. Ahora se llamaría publicidad viral, pero eso solo es un nombre nuevo para algo que no lo es. Acepto sugerencias.

Por cierto, los vampiros están de moda entre los chavales, y tampoco alcanzo a ver por qué. ¿La fascinación romántica de Drácula? A propósito de esto último, os incluyo un fragmento de la novela de Stoker en el que se ve con claridad abrumadora la excitante naturaleza sexual del deseo vampírico.
Ahí va (las tres vampiresas intentan morder a Jonathan Harker; cito por la traducción de Juan Antonio Molina Foix, en Cátedra):
"Las tres tenían los dientes blancos y relucientes, que brillaban como perlas sobre el rubí de sus labios voluptuosos. Había en ellas algo que me inquietaba, haciéndome sentir al mismo tiempo anhelante y mortalmente asustado. Sentía en mi corazón un perverso y ardiente deseo de que me besaran con aquellos labios rojos. [...] Yo las miraba, inmóvil y con los párpados entornados, presa de una angustia deliciosamente expectante. La rubia se adelantó y se inclinó sobre mí tanto que podía notar su agitada respiración. En cierto sentido su aliento era dulce, tan dulce como la miel, y producía en mis nervios el mismo estremecimiento que su voz. Pero bajo aquella dulzura notaba una amarga repugnancia, como la que produce el olor de la sangre.
Me daba miedo alzar los párpados, pero podía ver perfectamente a través de las pestañas. La rubia se arrodilló y se inclinó más sobre mí, regodeándose claramente. Mostraba una deliberada voluptuosidad, que resultaba excitante y a la vez repulsiva, mientras doblaba el cuello y se relamía como un animal, hasta que pude ver, a la luz de la luna, la reluciente humedad de sus labios escarlata y de su lengua roja, que asomaba entre sus blancos y afilados dientes. Bajó todavía más la cabeza, hasta que sus labios descendieron por debajo de mi boca y de mi barbilla, pareciendo que iba a abalanzarse sobre mi garganta. Entonces se detuvo y pude oír la impaciente agitación de su lengua al lamerse los dientes y labios, notando sobre mi cuello su aliento cálido. Sentí un estremecimiento en la piel, como si una mano se acercara poco a poco para hacerme cosquillas. Pude notar en la piel hipersensible de mi cuello la suave y trémula caricia de unos labios, y el duro contacto de dos dientes afilados. Al prolongarse esta sensación, cerré los ojos en una especie de éxtasis lánguido y esperé... esperé con el corazón palpitante."

Por cierto, los vampiros están de moda entre los chavales, y tampoco alcanzo a ver por qué. ¿La fascinación romántica de Drácula? A propósito de esto último, os incluyo un fragmento de la novela de Stoker en el que se ve con claridad abrumadora la excitante naturaleza sexual del deseo vampírico.
Ahí va (las tres vampiresas intentan morder a Jonathan Harker; cito por la traducción de Juan Antonio Molina Foix, en Cátedra):
"Las tres tenían los dientes blancos y relucientes, que brillaban como perlas sobre el rubí de sus labios voluptuosos. Había en ellas algo que me inquietaba, haciéndome sentir al mismo tiempo anhelante y mortalmente asustado. Sentía en mi corazón un perverso y ardiente deseo de que me besaran con aquellos labios rojos. [...] Yo las miraba, inmóvil y con los párpados entornados, presa de una angustia deliciosamente expectante. La rubia se adelantó y se inclinó sobre mí tanto que podía notar su agitada respiración. En cierto sentido su aliento era dulce, tan dulce como la miel, y producía en mis nervios el mismo estremecimiento que su voz. Pero bajo aquella dulzura notaba una amarga repugnancia, como la que produce el olor de la sangre.
Me daba miedo alzar los párpados, pero podía ver perfectamente a través de las pestañas. La rubia se arrodilló y se inclinó más sobre mí, regodeándose claramente. Mostraba una deliberada voluptuosidad, que resultaba excitante y a la vez repulsiva, mientras doblaba el cuello y se relamía como un animal, hasta que pude ver, a la luz de la luna, la reluciente humedad de sus labios escarlata y de su lengua roja, que asomaba entre sus blancos y afilados dientes. Bajó todavía más la cabeza, hasta que sus labios descendieron por debajo de mi boca y de mi barbilla, pareciendo que iba a abalanzarse sobre mi garganta. Entonces se detuvo y pude oír la impaciente agitación de su lengua al lamerse los dientes y labios, notando sobre mi cuello su aliento cálido. Sentí un estremecimiento en la piel, como si una mano se acercara poco a poco para hacerme cosquillas. Pude notar en la piel hipersensible de mi cuello la suave y trémula caricia de unos labios, y el duro contacto de dos dientes afilados. Al prolongarse esta sensación, cerré los ojos en una especie de éxtasis lánguido y esperé... esperé con el corazón palpitante."
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