
Se ve que el conde de Siruela (o sus asesores) tiene inquietudes y de hecho a él hay que agradecerle varias traducciones de monografías clásicas (Las artes de Orfeo, de Guhtrie, y El concepto de alma en la Antigua Grecia, de Jan Bremmer, todavía en su antigua editorial). Aún no he leído la traducción del libro de Kingsley, pero la de las obras de Guthrie y Bremmer era mala: traducir como "el Euménides" el título de la tragedia de Esquilo es un error insignificante para cualquiera, pero indica que quien lo ha hecho no sabe nada de la Antigüedad Clásica. Es cierto que la traducción de ensayos sobre el mundo grecolatino exige el conocimiento de latín y griego, además del de las dos lenguas modernas y el de todas las convenciones bibliográficas de los filólogos (que son muchas y realmente complicadas). Hay que confiar que en su nuevo proyecto Jacobo Siruela haya contado con gente preparada, que la hay.

1 comentario:
Claro que hay gente preparada y mucho. Algunos incluso están a punto de leer la tesis (espero que en breve) y entonces se darán a conocer. Sería una buena opción para un editor tan especializado.
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