martes, 11 de noviembre de 2008

Diseño

No es casualidad que el declive de las Bellas Artes haya coincidido con la edad de oro del diseño. Las mayores dosis de creatividad e inteligencia, las obras más originales y las más notables muestras de genio estético no se hallan actualmente en la pintura o en otras manifestaciones tradicionales de la belleza, sino en la publicidad y en los formatos audiovisuales. A la gente normal (es decir, a mí) le parece increíble que todavía sea posible tener nuevas ideas para anunciar un detergente, pero lo mismo vale para cualquiera de las categorías en las que suelen dividirse las competiciones oficiales. El asombro le va asaltando a uno conforme pasa las páginas de las múltiples catálogos que se publican actualmente y que recogen los principales premios de diseño. Son catálogos de arte, ya digo, mucho más valiosos (por geniales o por conmovedores) que aquellos a los que estamos acostumbrados. Quizás solo sean destellos fugaces de genio, objetos de consumo y olvido inmediato, pero si no me creéis, podéis comprobarlo en este libro (XXXVII Creativity Awards Annual, Collins Design).

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hay veces que son mucho más interesantes los anuncios de la tele que la peli o el programa que estén poniendo.
Comencé a leer ayer la vida imperial en la ciudad esmeralda. Ya te contaré. De momento me está enganchando bastante.