
Traigo a colación el libro de Espada porque Gedisa acaba de publicar La construcción de la lesbiana perversa, de Beatriz Gimeno, sobre el llamado 'caso Wanninkhof'. Recuerdo con bastante claridad el caso y mi incomodidad, ya entonces, con el tratamiento que se le dio a la noticia: cómo se dio por supuesta, sin atisbo de duda, la culpabilidad de Dolores Vázquez (aquí no se lleva demasiado lo de la presunción de inocencia) y cómo ningún medio mencionaba la relación homosexual entre la acusada y la madre de Rocío, sin dejar de insinuarla constantemente. Recuerdo que no me enteré hasta muy avanzado el juicio de que las dos mujeres habían sido amantes porque nadie quería decirlo: ese dato, que se hurtaba a la audiencia porque se consideraba irrelevante y discriminatorio, había sido en el fondo decisivo para condenar, judicial y públicamente, a Dolores Vázquez. Es terrible contrastar los escrúpulos de los medios para exponer esta clase de información sensible con la ligereza con la que se permiten establecer culpabilidades e inocencias. Su postura se puede resumir así: 'no vamos a decir que esta señora es lesbiana, porque eso es algo que solo le interesa a ella y nosotros somos muy progresistas y correctos y nunca se nos ocurriría inmiscuirnos en la intimidad de la gente, pero eso sí, que vaya a la cárcel por asesina'. Por cierto, creo que nunca se le han pedido disculpas a esta señora.

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