Las analogías entre el imperio americano y el imperio romano son limitadas. Es cierto que hay coincidencias (la lengua, la moneda, la imposición de un 'poder blando' y su combinación con una aplastante hegemonía militar), pero la tentación de la analogía es demasiado fácil. Hay quien ya ha visto en la política de los EE. UU. en Oriente Medio el fracaso de Roma en su aventura por el control de Partia, a la que le faltaron buenos cronistas. En esas antiguas provincias de Alejandro cuyos nombres evocan tantas maravillas (Hircania, Sogdiana, Bactriana, Gedrosia, Aracosia...) siempre se ha decidido el destino de los imperios, como si se tratara de un gigantesco tablero de Risk. Los parecidos hay que buscarlos, sin embargo, en el Gran Juego del siglo XIX, el enfrentamiento entre Rusia y el imperio inglés que, en gran medida, es la causa remota de los actuales desastres. Apareció hace unos meses en RBA
Torneo de sombras. El Gran Juego y la pugna por la hegemonía en Asia Central, de K. E. Meyer y S. B. Brysac, donde se cuenta la historia documentadamente y de forma bastante amena.

Aviso que solo lo he podido ojear, así que no puedo entrar en más detalles, pero creo que merece la pena invertir algo de tiempo en su lectura, por si podemos aprender algo.
A propósito, RBA está publicando en la colección 'Temas de actualidad' libros muy interesantes: sacó hace poco
Vida imperial en la ciudad esmeralda, de Rajiv Chandrasekaran (también sobre la catástrofe iraquí), que me he quedado con ganas de leer,

y publica periódicamente las recopilaciones de artículos de Enric González, extremadamente recomendables (
Historias de Nueva York,
Historias de Londres,
Historias del Calcio).
1 comentario:
Hola Edgar. He encargo el libro vida imperial. En cuanto lo reciban y lo lean, te lo comento sesudamente.
En cuanto al imperio americano, créete que no me importa lo más mínimo. Soy de la opinión de vive y deja vivir. Filo
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